Grietas_cuerpo

Deja que se ría, hermana, deja que pavonee como el macho que nunca ha sido. Ya me lo dijo madre cuando me encapriché de él, y ahora me encorajino por el poco caso que le hice. Ayer lo vi de camino al cortijo, prendido del brazo de la fulana que me lo arrancó, con el pescuezo bien estirado, como si quisiera espigarse a sus años. Le miré con los ojos torcidos mientras lo maldecía entre dientes, y al llegar a él le lancé un salivazo a la pechera, que de a gusto que me quedé, hermana, me sorprendieron hasta ganas de reír. La fulana se apresuró a retirarle mi desahogo de la camisa, y con una esquina de su mandil le disimuló la chorrera. ¡Malditos desgraciados! Si es que me carcomen por dentro sus nombres y sin resuello me quedaré, si es menester, para que esos miserables se lamenten de sus vidas.

Si es que se me coló como una culebrilla, serpenteando, ondulando su amargor como en balde, pero una noche que me dejó en vela, me percaté de su violencia. Ni en la claridad ni en la tiniebla, hermana, que no encuentro descanso a este sabor que me inundó, y hasta los labios se me pegan hartitos de tanta agonía. Y esto es para siempre, ¡que te lo digo yo!, o mis pies o los suyos por delante, porque ese es el final, que el señor nos reclame y me libre, por su bondad, de tanta batalla. Dios quiera y su capricho sea amarrarle a él primero.

 

simb audio1 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar