Bailana

—Deseo bailar, deseo que la vida baile de nuevo para mí. —dijo mientras se secaba una lágrima con el dorso de la mano.

—Pero mamá, deja ya de fantasías imposibles. Sabes que no puedes, aquello acabó hace muchos años.

La vieja calló, y cerró los ojos para continuar con sus recuerdos, remembranzas que le hacían sonreír. Todo el día en la cama, ¡malditas piernas que ya no la sostenían!, ¡inclementes años que la retorcían en una parálisis desquiciante! Debes descansar, mamá, debes permanecer acostada, debes serena la cabeza y acomodarte a lo que los años imponen… ¡Estúpidas retahílas sin sentido! Ya no podía más. Aguardó en silencio hasta que la hija salió del dormitorio. Fantasías imposibles, ¿qué sabrá ella de imposibles?, rumiaba la vieja mientras se incorporaba en la cama. Consiguió sentarse en el borde del colchón y esperó a que la cabeza dejara de girarle en todos los sentidos. ¡Imposibles…! Fue estirando del camisón hasta emburujarlo a la altura de la cintura. Levantó los brazos y lo sacó por la cabeza. ¡Fuera ataduras! De soslayo miró el reflejo de su cuerpo desnudo en el espejo de la cómoda: pechos abundantes y caídos, carnes replegadas en un reposo depredador, palidez agónica. Dirigió los pies hacia el suelo y el frío sobre las plantas le hizo dar un respingo. ¡Esto es la vida! Descalza se puso en pie y con la punta de los dedos empezó a marcar el compás. Un, dos, tres. Un, dos, tres. Levantó los brazos y los agitó al aire. Un, dos, tres. Volvió a ser ella: la bailarina, la estrella que deslumbró con su movimiento, cuerpo libre, contoneo provocador, la artista.

Con sus piernas quebradas se deslizó hacia la ventana, la abrió y la brisa le alborotó el pelo. Continuó con su danza temblona, con su desnudez entrañable. La respiración se le fue apurando, pero ella insistía, embebida en su mundo de movimientos y sueños. Un, dos, tres. Un, dos, tres. Cuando ya no pudo más, se tendió nuevamente sobre la cama. Al rato la hija regresó al dormitorio.

—¡Mamá! ¿Otra vez con tus locuras? Anda, deja que te vista.

La vieja reposaba con una sonrisa acartonada en los labios, pero esta vez no pudo replicar.

Texto seleccionado para el Libro Antología I Concurso de Narrativa "Deseos" de la asociaciónLetras con Arte