Presentación charca

El viernes 5 de febrero en la Biblioteca Municipal de Náquera presentamos Perlas en la Charca, una recopilación de 190 microrrelatos. Los autores (entre los cuales me encuentro), hemos dado voz a historias y emociones nacidas de consignas establecidas previamente. Hombres y mujeres de muy diversas características, de muy distintas naciones. He aquí un libro extraordinariamente cuidado y convertido en una joya de tintas y sueños.

Gracias a Náquera por la cálida acogida y a cada uno de los asistentes que hicieron posible una tarde en pro de la cultura.

 Perlas charca

Para adquirir el libro ponerse en contacto  a traves de mail  mail montse 

 

Montse Espinar

 

 

El  sábado 17 de octubre, a las 20:00h, tuvo lugar (en el Centro Santo Domingo) la entrega de galardones del IX Certamen de Relato convocado por la Fundación Villa de Pedraza. Fue un encuentro íntimo donde los asistentes guardaron un respetuoso silencio durante la lectura de las dos obras premiadas. Sentí el abrazo amable del público. Y efusivo, placenteramente efusivo. Al terminar la lectura, la gente se acercó y mostró la satisfacción que se recoge cuando uno es capaz de percibir cómo serpentean las letras de una historia por cada recoveco de la piel.

Felicidad, ese fue el relato ganador. Acabo con las mismas palabras con las que di por finalizada mi intervención, eso es. O parecidas. Aquí van.

(…)El relato felicidad es para todas aquellas mujeres que vivieron la miseria, la represión, el dolor…, y a pesar de todo, se creyeron felices.

 

Pedraza

 

Pedraza Video

 

 

 

El lunes 28 de septiembre, en el antiguo edificio de tabacalera (en el centro de Valencia), tuvo lugar la entrega de premios del certamen literario que promovía el ayuntamiento de la ciudad: Mujeres mayores, grandes mujeres.

Tuve la suerte de ser una de las finalistas con la obra: Hortensia. Una tarde donde, no más de cincuenta personas, nos reunimos con la fabulosa excusa de compartir historias de grandes mujeres. Mujeres mayores que vuelven a enamorarse, mujeres mayores que echan la vista atrás y recuerdan el largo recorrido de sus vidas…

Grandes mujeres, en definitiva.

Ahí dejo unas fotografías del encuentro y para mí, como viene siendo costumbre, guardo la gran satisfacción que genera el reconocimiento en esto que se ha convertido en mi locura.

 

 

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Grandes Mujeres

 

Gracias.

Montse Espinar

Para aquellos que quieren escuchar.

Hace dos días leí la noticia de la pintora Sara Calleja. Empezaba con un titular en negrita que decía así: “Mi vida estaba en sus manos, señora jueza. No lo soporto más. Christian me lo robó todo. Él ganó.” Luego en letras de cuerpo menor, aunque todavía precedidas con un símbolo destacado, continuaban los siguientes epígrafes: “Sara Calleja acabó con su vida el pasado once de julio tras dos años de acoso”. “Horas antes dejó una carta a la juez exponiendo su desaliento judicial”. “Había puesto diecinueve denuncias, hubo tres juicios, dos órdenes de alejamiento quebrantadas y nueve meses de cárcel para su ex pareja”

La muerte de Sara Calleja se consumó el once de julio de este mismo año, pero la artista comenzó a agonizar en el 2010, cuando se reencontró con un amigo de la infancia que la llenó de ilusiones. Él era Christian y con él se marchó a Bélgica donde desgraciadamente inauguró su cuenta atrás. Mentiras, insultos, amenazas…Centenares de mensajes diarios en su móvil, a través de Facebook, a sus hijos, a sus amigos, a su madre de ochenta años. La arruinó económicamente y arruinó las ganas que tenía la artista de continuar la vida; no, no podía continuar, porque el miedo había roído perniciosamente todo su aliento. La aisló y, cuando ella pudo escapar, cercó su existencia con el alambre erizado de su boca contaminada.

“Muchas mujeres retiran sus denuncias porque es una agonía aguantar un proceso del que nunca sales entera. Tienes que pasar por un scaner para que decida alguien que no sabe por lo que estás pasando (…) Y aun así te ponen en duda” “Estoy muy cansada y necesito descansar, mi vida es insoportable” “No soy capaz de salir sola a la calle” “Las leyes son una mierda: dependen de para quién y sobre todo de cómo se aplican” Estas son algunas frases que aparecen en la carta de Sara.

Y yo, que desde hace dos días no me quito esta triste noticia de la cabeza, me pregunto ¿qué se ha hecho mal? ¿Por qué este hombre quebrantaba la ley a cada momento y nadie hacía nada? ¿Por qué se permitió que anulara la vida de una mujer valiente? Ella había denunciado, Sara había tragado su vergüenza, su miedo, sus emociones confundidas de mujer maltratada, con arresto, con ese valor que arrancó de su cuerpo dañado. Y no una vez, no, una vez no, fueron diecinueve las denuncias de una mujer esforzada, de una mujer que, probablemente, en más de una ocasión tuvo que pintar las ganas. Las ganas por la vida, por un laberinto de desgraciados acontecimientos que mermaron la luz de la artista. Y de la madre, porque Sara, a sus cincuenta y dos años, tenía dos hijos, Andrea de treinta y dos años, y Elio de veintiocho. Seguramente quiso ser ejemplo para ellos, seguramente, pero hoy Sara está muerta y nadie hizo nada. Nadie. 
Y ahora ¿qué hacemos? ¿Quién se hace responsable de esta muerte? Violencia de género. ¿De qué género? ¿Violencia que ejercen los de género imbécil, los acomplejados e incapaces de mirar sus vidas incompletas, obsesionados en seres libres que con la comparación disminuyen sus escasas virtudes? ¿Es ése el género? Dejemos tanta división, tanta diferenciación absurda y cobijemos al maltratado. Simplifiquemos y olvidémonos de apreciaciones inadmisibles. Sara era una persona maltratada y se demostró. El adolescente que es acosado en el instituto, el separado que es manipulado con los hilos dolientes (que manejan muchos desaprensivos) de los hijos. Hombre, mujer, niño, niña… ¿acaso el sexo diferencia el dolor? ¿Qué pasa con los matrimonios homosexuales? No nos perdamos en florituras, en burocracias inservibles y de una vez a ver si conseguimos que los que imparten justicia se vistan con ropa de trabajo y respiren el olor a mierda de las desgracias que llegan a sus despachos. Apestemos a todos con semejantes calamidades, contaminemos de inconformismo a aquellos que saben cambiar las cosas. Porque ¿acaso esos profesionales ya lo hacen y son las leyes, los mecanismos, los que coartan su voluntad? Yo, humildemente, solo puedo protestar y patalear y, entretanto, escribir unas cuantas letras a ver si consigo que lleguen al sitio adecuado. Esperemos que haya suerte para todos los que sufren el dolor del maltrato. Esperemos.

Montse Espinar (Tinta en las grietas)

 

 

 

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