Una pulsión, eso es, un ansia desenfrenada que nace en el interior de cada uno, desmandada, atrevida, lasciva incluso. ¿Podemos cegar un manantial y silenciar el borboteo de sus aguas, la furia de su condición, de su libertad?

En esta historia no hay barreras, la vieja se levanta y baila, porque es su deseo, porque de nada sirven las exigencias del entorno que se empeñan en confinarla en un cementerio de cuidados innecesarios.

Disfrutemos de la franqueza hacia uno mismo, de las ganas de morir sin perder la identidad, sin desdibujarse: no marchemos convertidos en lo que otros pretenden.

Los deseos se agolpan a lo largo de nuestra vida, ajenos a la edad, a los preceptos fingidos de la sociedad; busquemos, escuchemos, es momento de mirar hacia dentro y olvidarnos de las reglas que desvanecen nuestro camino.

Esto no es más que una mención cariñosa para todos aquellos que vivimos procurando la honestidad, la justicia con uno mismo.

Leed y bailad al compás de este relato.

LIBROVUELALIBRE

Compañera, resignada compañera que recoges un cuerpo deshabitado. Haces acopio del recuerdo, porque en ocasiones la severa realidad te empuja a escapar, a salir corriendo en una desorientación constante. Sin embargo la memoria se clava desapacible, escarba allá donde no dejas que nadie mire, porque aquel rincón de juventud es doloroso, doloroso cuando observas y contemplas a tu lado un cuerpo vacío, un muerto a medias, una tortura que te ha tocado, como a otros, pero ésta es tuya, ésta te persigue y ésta se convertirá en el capítulo final de tu vida. ¡Cuánto fantaseasteis con la vejez!, juntos, haríais esto o aquello, os cuidarían vuestros hijos…, pero jamás pensaste en que tu compañero moriría a mitad, en que serías obligada a la tortuosa pena de cuidar un cuerpo hueco, uno cuerpo que guarda unos ojos que te recuerdan constantemente la pérdida. Día y noche, ¡qué largos los días, qué penosas las noches! Y te duelen los huesos, y las piernas se te inflaman, tampoco te apetece comer. Compañeras de muchos años, tantas que aporrean sus vidas con la retahíla desquiciante de la resignación.

Recuerdos es una imagen, es un momento en el interior de alguna de esas compañeras que se esconden tras una puerta, donde el sacrificio y la entrega perfilan, turbados, los segundos de muchas vidas. Entrad en la web y leed. Deseo que os guste.

Montse Espinar

El encantamiento, la fascinación, dejarse llevar, atreverse y perder la orientación… ¿A quién no le gusta cerrar los ojos y abandonarse al sueño, a la fantasía, a la capacidad consoladora de manejar los hilos de la historia, de la inventiva? Volvamos atrás o no, mejor, demos las zancadas necesarias hasta llegar a aquello que aún no ha ocurrido, lo desconocido, lo imposible, lo incierto, lo difícil… ¡Bailemos, eso es! Recorramos aquellos rincones misteriosos que se nos muestran como una insinuación, como un latido sugerente de reservas y profundidades provocadoras. Pasemos al otro lado, palpemos aquello que no tiene tacto, olfateemos aquello que se dispersa en un ambiente de aromas veleidosos, degustemos el suculento plato de la ilusión y no permitamos que la materialidad, con sus manos constrictoras, deshaga la maravillosa capacidad de soñar.

Melodía es una vuelta atrás, un paseo apasionado a través de la experiencia, de lo ya vivido. Descalzaros y pisad el suelo de un sendero que os invita al sueño.

Hoy presento el erotismo como subgénero temático, además debo revelar que le muestro singular tendencia, quizá por el abundante uso sensorial que requiere, puesto que es necesario cerrar los ojos y dejarse perder en la escritura de cada letra, entre la templanza que trasfiere cada línea al ser completada o, simplemente, porque como mujer que soy y siento, me enorgullece irrumpir con convencida soberbia en las tierras destinadas injustamente al trabajo del hombre. Erotismo, sexualidad…asistamos, de una vez, a la excarcelación de nuestros derechos, de nuestras ganas, de nuestros instintos, hoy y para siempre, libres de condiciones genitales. Aremos con nuestras manos los campos escondidos, un horizonte de júbilo y recompensa. Ya no más prohibiciones ni vergüenzas, ya no más vetos ni temores, ahora es nuestro momento, el momento, sí, de todos aquellos que paladeamos la vida como un manjar de exquisitos sabores. Atreveos y leed.