Ansiosos por más, voy a abrir una nueva sección donde el atrevimiento y la originalidad van a convertirse en conductores del bloque. Subiré relatos compartidos, es decir, relatos donde más de una mano talentosa ha escarbado entre la insinuación de cada letra, una a una, con mimo.  Dedos tamborileros que componen el ritmo de lo que aquí nos une: la inventiva.

“Valiente es todo aquel que se enfrenta a sus miedos.” Así empieza el relato, un relato que me ha ofrecido muchas alegrías. Valiente, ese es su título, y con siete páginas y un buen puñado de emociones, se ha convertido en el segundo premio de un certamen en el que me hizo gran ilusión participar. El sábado, veinticuatro de mayo, viajé a Barcelona: era una de las diez finalistas. Mis compañeros de batalla (aquellos que, al igual que yo, son víctimas de esta sinrazón de la inventiva), estaban excitados, y a cada rato me ofrecían sus mejores ánimos. Al final llegó la noche y me entregaron el segundo premio y fue entonces cuando comprendí que quizás, esta retahíla de letras que garabatean mi vida desde niña, sea una forma de comunicación a la que muchos otros puedan acceder, aquellos, en definitiva, que se acercan voluntarios a la sensibilidad más íntima del que, como yo, la ofrece como medio de expresión.

 

 

premio-valiente

 

Gracias a Barcelona, gracias a Fina y Pablo que nos trataron como en casa, gracias a la asociación que dirigen porque solo los más generosos son capaces de entregar sus vidas a los demás, gracias, porque esto ha sido como un sueño.

El pasado viernes 16 de mayo, en el Museo de la Ciudad, se celebró el acto de presentación de “Liberación de talentos”.

“Cada mirada es única”, título de la antología donde se recogen los trabajos literarios de 20 autores noveles.

lvl2

lvl3

 

Quiero mostrar mi satisfacción al encontrarme con compañeros a los que nos unió una ilusión y hoy, todavía, permanece inconclusa. Sí, compartimos unas ganas constantes de librarnos de las ropas que confunden nuestros cuerpos, unas ganas de exhibirnos entre iguales, sonriendo al comprobar que estamos forrados con idéntica piel; hombres y mujeres de la misma subespecie, aquella que está obligada a desprenderse de su propia identidad para sufrir otras vidas, para gozar otras emociones, seres, en definitiva, arrastrados a la inventiva constante.

Locos que pretendemos tomar conciencia de cada momento, insensatos, quizás, que paladeamos  y estrechamos entre nuestras manos creadoras cualquier quejido de vida.

Satisfecha, así me siento, gozosa por tener tanto y tan bueno.

Compañeros, gracias.

Una pulsión, eso es, un ansia desenfrenada que nace en el interior de cada uno, desmandada, atrevida, lasciva incluso. ¿Podemos cegar un manantial y silenciar el borboteo de sus aguas, la furia de su condición, de su libertad?

En esta historia no hay barreras, la vieja se levanta y baila, porque es su deseo, porque de nada sirven las exigencias del entorno que se empeñan en confinarla en un cementerio de cuidados innecesarios.

Disfrutemos de la franqueza hacia uno mismo, de las ganas de morir sin perder la identidad, sin desdibujarse: no marchemos convertidos en lo que otros pretenden.

Los deseos se agolpan a lo largo de nuestra vida, ajenos a la edad, a los preceptos fingidos de la sociedad; busquemos, escuchemos, es momento de mirar hacia dentro y olvidarnos de las reglas que desvanecen nuestro camino.

Esto no es más que una mención cariñosa para todos aquellos que vivimos procurando la honestidad, la justicia con uno mismo.

Leed y bailad al compás de este relato.

LIBROVUELALIBRE