Estocolmo

Estocolmo surgió con la propuesta de escribir una historia inspirada en una fotografía. La imagen no era más que un habitáculo, sucio, donde tan solo se podía observar una vieja cama y paredes agrietadas. Inmundicia y vacío, un binomio nada perfecto que me llevó a confeccionar la siguiente historia. Como requisito indispensable que estuviera compuesta, exactamente, por mil palabras.  Espero que os guste.

rendija sollozo

¡Cuántas personas habrán sido mutiladas por su educación! De forma casi imperceptible las sogas de la intolerancia nos enredan el cuerpo, nos constriñen en un abrazo atorado donde no somos capaces de movernos a nuestra voluntad. Una quietud impuesta, una quietud asfixiante que, en ocasiones, es capaz de cercenarnos la vida. Y, ¿qué ocurre cuando reparamos en que ésta es lo único que poseemos?; la vida, sí, me refiero a la vida, un bien exclusivo y uno de los pocos que cuidamos. La vida, ese regalo que dejamos que otros consuman, esa suerte que embarramos con los miedos, con los convencionalismos opresores, con el eco de aquellos que vierten su aliento contaminado sobre nosotros. Alejémonos de la tradición árida, de las bocas abiertas al reproche mezquino, de aquellos seres que rondan nuestra vida con el único propósito de derramar su amargura en nosotros. No, no a aquellos que sufren con la alegría ajena, no, no a aquellos que urden una trama que nada tiene que ver con la realidad, no, no a aquellos que se acercan furiosos por contemplar mis sonrisas al aire. Y ahora, en un respingo de valentía, me salgo del tema del cuento para acariciar mi vida, para limpiar las lágrimas que derramé el otro día y gritar con fuerza que ya no permito más manipulaciones, ya no permito más mentiras, ya no permito más desprecio y sobre todo no permito más fingimiento. Gracias a aquellos que perciben el latido sencillo de mi cuerpo (que son muchos), gracias a todos los que me acompañan en la risa, en la ilusión, en esas ganas innatas por la vida, en esa bendita tendencia a pisar el camino mirando de cara, con los ojos bien abiertos y la boca llena de alegría. Ya no, ya no, me digo, ya soy mayor y no permito que viertan más inmundicia sobre mi cuerpo, ya no, ya no, ya soy una mujer. 

 

Nuevo relato en la Web "Finalista VIII certamen literario El Vedat de Torrent 2014"

Distancia

“Distancia” es el fragmento escrito de la danza caprichosa de la vida. ¿Qué incógnita arropa en cada recoveco de su veleidoso recorrido? Éste es un baile íntimo donde sus dedos organizan a su antojo, distribuyendo a cada uno al lugar donde ella cree conveniente. Trazos paralelos, seres deambulando al gusto del destino… Disfrutad al compás de este loco y disparatado zapateo de desencuentros.

el vedat

avv vedat0Gracias a la Asociación el Vedat de Torrent por haber seleccionado mi obra "Por la rendija de tu sollozo" entre los 10 finalistas de su VIII certamen literario.

“Abuelo” en una evocación tierna del pasado, una fuerte pulsión, un amor que emerge en la vejez, un (como bien dice el viejo), un desorden de tiempos donde la mano antojadiza y, en ocasiones, perniciosa del destino, hurga con sus dedos y arrebata el avance lógico de los acontecimientos. Es una terneza sobrevenida, un adiós que se resiste, una vida que estira de otra.

Gracias por este reconocimiento y viva el arte y la cultura en cualquier rincón del mundo.

Gracias, Leioa.

Estas son las palabras que pronunció mi “enviada especial” en Leioa, Bilbao, al recoger el segundo premio del XV Concurso de Narraciones que promueve el Ayuntamiento de la localidad. Muchos resultaron los textos recibidos, centenares, pero fue “Abuelo” el que gustó por su forma, o tal vez por su profundidad, o puede que la voz del personaje hechizara a los miembros del jurado, en fin, qué sé yo…El caso es que este cuento, que ya me generó satisfacción cuando lo “parí”, ahora me sorprende con un reconocimiento que no me hace otra cosa que pensar que, en ocasiones, este camino yermo de la escritura merece la pena. Agradecer, una vez más, que haya pueblos que velen y fomenten la cultura en nuestro país y por supuesto, Anabel, mil gracias por recoger el premio en mi nombre.